Depresión invernal

 
El trastorno afectivo estacional está influido por la cantidad de horas de sol al día Tristeza, apatía, aumento del apetito y somnolencia son síntomas de esta alteración


INÉS GALLASTEGUI // GRANADA


SIENTE una especial melancolía en cuanto se encienden las primeras bombillas de la decoración navideña? ¿Se siente apático y sin energía? ¿No tiene ganas de salir? ¿Duerme más de lo habitual? ¿Come más de la cuenta y ha engordado varios kilos? Quizá padezca el llamado Trastorno Afectivo Estacional (TAE), un problema que pueden sufrir, en mayor o menor grado, hasta un 20% de las personas. La 'depresión de invierno' parece estar causada por el menor número de horas de luz al día en esta época del año, ya que ello influye en la bioquímica de nuestro cerebro. Esta alteración puede ser tratada con fármacos antidepresivos y con fototerapia -exposición a luz artificial-, aunque en la mayoría de los casos se manifiesta de forma leve y desaparece en primavera.

El psicólogo Antonio Luis Maldonado, del Centro Psicológico Alborán de Granada, explica que los trastornos afectivos son los que implican 'bajones' del estado de ánimo -como en la depresión- o subidas excesivas del mismo -como ocurre en los episodios maníacos que padecen los pacientes con trastorno bipolar, antes llamados maníaco-depresivos-. En la Antigua Grecia, recuerda el psicólogo, ya se intuía que había una relación de estos trastornos con las estaciones del año; pero en los últimos treinta años numerosas investigaciones han confirmado aquella intuición.

Más fármacos

En el ámbito de los problemas psíquicos, no todos los cambios de estación son problemáticos: sólo el final de primavera-comienzo de verano y el final del otoño-comienzo del invierno. En estas dos épocas, apunta Maldonado, aumentan los episodios depresivos, las consultas e ingresos hospitalarios por depresión, el consumo de fármacos antidepresivos y -lo que es más significativo- la tasa de suicidios. Se calcula que un 15% de los pacientes con depresión grave recurrente empeoran en una de esas dos épocas de año.

Dentro de estos trastornos, hay un patrón unimodal -un único pico al año, en primavera- y un patrón bimodal -dos picos, uno en primavera y otro en otoño-. Mientras el primero afecta más frecuentemente a hombres de edad avanzada y ambiente rural, el segundo tiene entre sus principales víctimas a mujeres jóvenes que viven en un entorno urbano.

Aunque la mayoría de la gente aseguraría sin dudar que los días soleados son más alegres que los nublados, hay un montón de sesudos estudios que lo demuestran de forma científica. Hay que tener en cuenta que los humanos, al igual que el resto de los seres vivos, presentamos pautas de conducta cíclicas, en función de determinados ritmos biológicos, muchos de ellos marcados por el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Es decir, tenemos una especie de reloj interno que rige muchas de nuestras actividades. Por ejemplo, hay ritmos ultradianos (más cortos que un día), como el que rige la alimentación humana, varias veces al día; circadianos (más o menos 24 horas), como el de sueño-vigilia; circalunares, como la menstruación; y circanuales, que rigen, por ejemplo, la hibernación o las migraciones de algunos animales.

Reloj alterado

Diversos experimentos demuestran que el reloj biológico puede ser alterado en ausencia de señales externas o «sincronizadores», tal como señalan en el libro 'Tratado de Psiquiatría' Manuel Gurpegui, Antonio Muñoz y María Rosa Montes, profesores de la Universidad de Granada.

Por ejemplo, un grupo de personas aisladas en una cámara sin poder ver si era de noche o de día iban retrasando cada día una o dos horas la hora de acostarse, es decir, 'haciendo' días de 25 ó 26 horas, aumentando más y más el desfase con el mundo exterior.

En la vida real, a medida que las estaciones avanzan y la duración del periodo de luz va variando, las personas van adaptándose a la nueva situación: hay que 'poner en hora' el reloj biológico. Cuando por el motivo que sea esa adaptación no se produce, nuestro reloj se desincroniza y de ello se derivan diversas alteraciones.

Hay que tener en cuenta que algunas de las hormonas que influyen en el estado de ánimo, los hábitos alimentarios o el sueño están influidas por la luz. Así, la melatonina se libera por la noche, pero la falta de luz durante el invierno puede aumentar su secreción por encima de lo normal. Una de las consecuencias es la disminución de la temperatura corporal, que impulsa al sujeto a 'compensar' mediante la ingesta de alimentos calóricos. Otro efecto es la reducción en la producción de serotonina, hormona responsable de la actividad.

Así pues, no es extraño que la mayor parte de estas depresiones estacionales se produzcan en los países más alejados del Ecuador, que tienen los días invernales más cortos. De hecho, a este motivo se atribuye la alta tasa de suicidios en países como Suecia, Finlandia y Noruega. Pero incluso en nuestro entorno, la menor exposición a la luz viene impuesta no sólo por la naturaleza -el nivel de luminosidad del Sol invernal es muy inferior al veraniego- sino por el estilo de vida. A causa del frío de la estación, las personas salen menos a la calle. Además, la iluminación artificial de muchos hogares y lugares de trabajo deja mucho que desear.

Síntomas y tratamiento

Los síntomas más típicos de este trastorno son el decaimiento del ánimo o tristeza coincidiendo con el final del otoño y el comienzo del invierno; la pérdida de interés por las actividades cotidianas, tanto de trabajo como de ocio; la tendencia al aislamiento social; la hipersomnia, es decir, dormir más de lo habitual, o la somnolencia diurna; el aumento del apetito, con especial deseo por los carbohidratos, y el consiguiente aumento de peso; la reducción de la libido; la sensación de apatía, cansancio y falta de energía; dificultad para concentrarse; dolores de cabeza; y la irritabilidad. No siempre han de aparecer todos estos síntomas para que podamos hablar de un TAE. Sin embargo, es el médico, psiquiatra o psicólogo quien debe valorarlo.

Se calcula que hasta una quinta parte de la población sufre en alguna medida un Trastorno Afectivo Estacional, aunque en la mayoría de los casos se trata de casos leves. Por ello, muchas personas sufren estos episodios pero ni siquiera son conscientes de estar sufriendo un trastorno.

Si los síntomas son graves e interfieren en la vida diaria del afectado, o bien se producen de forma recurrente todos los inviernos, es necesario pedir ayuda profesional a un médico o psicólogo. Por otro lado, hay personas diagnosticadas previamente de depresión o trastorno bipolar que empeoran en esta época del año.

Los tratamientos más habituales para esta afección son los fármacos antidepresivos, la psicoterapia y la fototerapia o terapia con luz. Esta última consiste en someterse a exposiciones periódicas a una lámpara especial para modificar la química del cerebro. La luz favorece la secreción de serotonina, que es la hormona de la actividad, y bloquea la producción de melatonina.

Las sesiones de fototerapia o luminoterapia pueden desarrollarse en la consulta de un especialista -combinadas o no con psicoterapia- o en el domicilio del paciente, ya que existen en el mercado lámparas homologadas. En función de las necesidades, varía la frecuencia de las sesiones -diaria o semanal- y su duración -desde 15 minutos hasta 1 hora-. Si el aparato se usa correctamente -a la distancia adecuada y sin mirarlo directamente-, no deben aparecer efectos secundarios (tales como dolor de cabeza, molestias en los ojos o lesiones en la piel).

En nuestra zona, donde son más frecuentes los días soleados que los nublados, incluso en invierno, lo más aconsejable es darse cada día un buen paseo al aire libre para tomar el sol.

Pensamientos negativos

Respecto al tratamiento psicológico de la depresión, Maldonado explica que comienza con sesiones informativas y educativas en paralelo a la evaluación del paciente. Mediante tests, entrevistas y autorregistros, el terapeuta determina si, además de depresión, el afectado presenta problemas de ansiedad, autoestima e insomnio. Si la depresión es moderada o grave o hay ideas de suicidio, «siempre se recomienda al paciente que tome medicación antidepresiva y se le deriva a su médico de cabecera o a un psiquiatra». En la terapia cognitivo-conductual es importante la reestructuración cognitiva, por la que se trata de eliminar los pensamientos negativos -del tipo 'no valgo para nada' o 'nadie me quiere'- y sustituirlos «no por pensamientos positivos en plan 'soy el mejor', sino por ideas realistas, como 'tengo virtudes y defectos'».



Fuente: http://www.ideal.es/granada/prensa/20070106/vivir/depresion-invernal_20070106.html